miércoles, 22 de enero de 2020

AÑO LITÚRGICO Conociendo más

El Año Litúrgico (o también conocido como Calendario Litúrgico) es un ciclo basado en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Es decir, es el desarrollo de los misterios de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Al repetirse cada año, nos ayuda a estar en unión con Él y a crecer en nuestra fe. En este ciclo también honramos a María, nuestra madre, y a todos los santos. La celebración de los santos que nos propone al Iglesia, nos permite vivir y no solo recordar, sino volver a pasar por el corazón, la historia de Salvación, y lo vamos haciendo a través de las fiestas y celebraciones, que actualizamos permanentemente.

El Año Litúrgico se divide en cinco tiempos litúrgicos principales, que no coinciden con el año civil. Es un camino de Fe. Ya que no podemos abarcar el misterio de Jesús, la liturgia nos ayuda de manera pedagógica, progresiva, sistemática, para que, a lo largo de todo un año, vayamos reflexionando distintos aspectos del misterio de Jesús, que nunca lo vamos a poder agotar. Pero no es solo una comprensión intelectual, sino para ir viviendo el Misterio de Cristo. El Año Litúrgico comienza en Adviento.

Dentro del Año Litúrgico, celebramos cada domingo “El día del Señor”, que es
"Fiesta primordial" y "el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico".

Asistir a Misa en domingo es ciertamente un deber, pero, ¡qué diferente sería si entendiéramos y recordáramos que cada domingo celebramos la Pascua del Señor! Ojalá sea el amor y la gratitud lo que nos mueva a asistir a Misa y no el sentirnos “obligados” a cumplir con nuestro deber.

El Año litúrgico es el “camino a través del cual la Iglesia hace memoria del misterio pascual de Cristo y lo revive” (Juan Pablo II).

Un autor dice: "El Año Litúrgico no es una idea, sino una persona: es Cristo, y es un Misterio que actúa en el tiempo y se celebra por la Iglesia".

Es importante tener en cuenta que lo que podamos aprender nos ayude a vivir nuestra Fe y no quedarnos en el plano del conocimiento.

EL AÑO LITÚRGICO TIENE DOS FUNCIONES O FINALIDADES

a) Enseñarnos los varios misterios de Cristo:
Navidad, Epifanía, Muerte, Resurrección, Ascensión, etc.

b) Otorgarnos la gracia especifica de ese misterio que vivimos:
- La gracia de la esperanza cristiana y la conversión del corazón para el Adviento.
- La gracia del gozo íntimo de la salvación en la Navidad.
- La gracia de la penitencia y la conversión en la Cuaresma.
- El triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte en la Pascua.
- El coraje y la valentía el día de Pentecostés para salir a evangelizar.
- La gracia de la esperanza serena, de la honestidad en la vida de cada día y la donación al prójimo en el Tiempo Ordinario, etc.


CICLOS DEL AÑO LITÚRGICO



El año Litúrgico se divide en tres ciclos: A, B y C. Estos ciclos permiten a quienes asisten a la Misa todos los domingos, tengan contacto con la mayor cantidad posible de las lecturas de la Biblia. De este modo, quien participe de la misa dominical, en tres años ha escuchado leer casi todo el Nuevo Testamento y las partes más importantes del Antiguo.

Los días de la semana llevan un ritmo propio y distinto: se divide en dos años, par e impar, para un mayor uso de textos bíblicos.

Podemos decir en verdad que cada día, cada semana, cada mes vienen santificados con las celebraciones del Año Litúrgico. De esta manera los días y meses de un cristiano no pueden ser tristes, monótonos, como si no pasara nada. Al contrario, cada día pasa la corriente de agua viva que mana del costado abierto del Salvador. Quien se acerca y bebe, recibe la salvación y la vida divina, y la alegría y el júbilo de la verdadera liberación interior.


LOS TIEMPOS LITÚRGICOS

Adviento (color morado) – Tiempo para prepararnos para la fiesta de Navidad.

Navidad (color blanco) – Tiempo para celebrar el nacimiento de Jesús y prepararnos para su segunda venida. Profundizamos su Nacimiento.
En la Octava de Navidad: prolongamos la Navidad por Ocho (8) días, el Nacimiento de Jesús. Allí podríamos preguntarnos: ¿Cuál es el pesebre en donde Jesús quiere nacer?

Tiempo Ordinario (color verde) – Tiempo para celebrar nuestra fe en la vida diaria en relación con Jesucristo.

Cuaresma (color morado) – Tiempo para prepararnos para el Triduo Pascual y el tiempo de Pascua. Profundizamos su Pasión, Muerte y Resurrección, lo que nos ayuda a en nuestra Fe, lo que vivió Jesús.

Triduo Pascual (colores rojo y blanco) – Tiempo para meditar en la pasión de Jesús y en victoria sobre la muerte – este tiempo está entre el 4 y 5; son los tres días con sus vísperas que preceden e incluyen al domingo de Pascua.

Pascua (color blanco) – Tiempo para celebrar la gloriosa Resurrección de Jesús. La propuesta es que el Año Litúrgico sea vivido en la presencia de Dios, en cada uno de los tiempos litúrgicos.





miércoles, 17 de enero de 2018

¿Te animarías a enviar un mensaje al Papa Francisco?




Si deseas enviar un mensaje, un saludo especial u oraciones a su Santidad el Papa Francisco, nosotros te decimos como...



América Latina ofrece un Papa a la humanidad: el Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio



Estamos ante un Papa que dejará una profunda huella y que seguramente será capaz de hacer viva en la Iglesia la esencia del cristianismo: La caridad y la misericordia divina.



El Vaticano ha difundido esta dirección postal para que las personas puedan enviar directamente sus cartas al Papa Francisco. Puedes hacerlo dirigida a la siguiente dirección de correo postal:



Sua Santità Francesco,

Secretaria de Estado, Palazzo Apostólico Vaticano, 00120 Città del Vaticano
Fax: (003906) 69885255

lunes, 28 de agosto de 2017

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO


La bendición de San Francisco al hermano León es uno de los tres autógrafos que se conservan del Santo de Asís. Ésta y las alabanzas al Dios altísimo se conservan en el Sacro Convento de Asís y la carta que San Francisco escribió al hermano León se guarda en la Catedral de Espoleto.

La bendición de San Francisco es un pergamino de diez centímetros de ancho por catorce de largo en el que se lee:

"El señor te bendiga y te guarde;
te muestre su faz y tenga
misericordia de ti.
Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz.
El Señor te bendiga, hermano León".

martes, 1 de agosto de 2017

FIESTA DE LA PORCIUNCULA Y EL PERDON DE ASIS: Indulgencia plenaria

Breve Historia de la Porciúncula

A 5 km de Asís, Italia, en el valle, se encuentra Santa María de los Ángeles, hermosa basílica construida sobre LA PORCIUNCULA.

La pequeña capilla de la Porciúncula fue donde San Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores en el año 1209, confiándola a la protección de la Virgen Madre de Cristo, a quien le ha sido dedicada la iglesia.

Aquí vivió San Francisco con sus primeros hermanos.
El 28 de marzo de 1211 Clara de Favarone de Offreduccio, recibió aquí el hábito religioso de manos de San Francisco, dando inicio a la Orden de las Damas Pobres (Clarisas).


En el año 1216, en una visión, Francisco obtuvo del mismo Jesús la indulgencia conocida como "la indulgencia de la Porciúncula" o "el Perdón de Asís", la cual fue aprobada por el papa Honorio III.

Allí comenzó la primera comunidad franciscana y allí murió San Francisco.
Entre las reliquias que aún se encuentran en Santa María de los Ángeles:
  • El cordón de San Francisco,
  • La estatua del santo con las palomas que siempre allí anidan,
  • Las rosas sin espinas fruto del milagro cuando el santo se tiró sobre ellas para rechazar una tentación,
  • La capilla de las lágrimas donde San Francisco rezaba por la Pasión de Cristo y por los pecadores...

El encuentro del Señor con el "Poverello"

Aquella noche el Señor le dijo al poverelo: "Francisco, ¿quien puede hacerte mayor bien, el amo o el siervo?" Francisco guardó esta lección a su corazón y decidió poner de primero lo primero. Le preguntó al amo como podría servirle, y Jesús, el amado salvador que abrazó la agonía de la cruz por todos los hombres, le miró con ternura y afecto y le dijo: "Repara mi Iglesia". Desde entonces, cuando Francisco pensaba en lo delicado, bueno, y amoroso que era Jesús, rompía en llanto y exclamaba: "¡El amor no es amado!".

Primero Francisco tomó las palabras del Señor literalmente y con gozo reparó la capilla donde había recibido la visión del Señor. Después bajó al bosque en el valle de Asís y reparó la vieja capilla de Nuestra Señora de los Angeles, llamada Porciúncula (pequeña porción). Por su devoción a la Santísima Virgen y por su reverencia a los ángeles, tomó la porciúncula como lugar de vivienda. Los campesinos insistían que ellos muchas veces escuchaban ángeles cantando en la Porciúncula. Ahí fue donde los primeros hermanos se unieron a El, en la vida nueva de santa pobreza, trabajo manual, cuidando a los leprosos, mendigando y predicando el amor de Cristo. Siendo los benedictinos propietarios de aquel lugar, Francisco pagaba como renta anual una canasta de pescado.

Oprimido por el pensamiento de ser indigno ante la misión de fundar la orden religiosa, subió a una cueva en las montañas. Ahí, durante una tormenta se echó al piso y, con una perfecta contricción, rogó a su Salvador que le perdonara los pecados de su vida pasada. En la angustia de su alma el gritaba: "¿Quien eres tu mi querido Señor y Dios, y quien soy yo vuestro miserable gusano de siervo? Mi querido Señor quiero amarte. Mi Señor y mi Dios, te entrego mi corazón y mi cuerpo y yo quisiera, si tan solo supiera como, hacer mas por amor a ti!. Repetía: "Señor ten misericordia de mi que soy un pobre pecador."


..... Francisco escucho estas palabras en su oración: "Francisco quiero que sepas que esta indulgencia, que ha sido concedida a ti en la tierra, ha sido confirmada en el cielo". Con gran gozo compartió esta revelación al hno. Maceo, y juntos aligeraron el paso para ir a darle gracias a Nuestra Señora de los Ángeles en la Porciúncula.


COMO OBTENER LA INDULGENCIA PLENARIA



Cada año todos los fieles que visiten una iglesia franciscana en cualquier lugar del mundo desde el mediodía del 1 de agosto y todo el 2 de agosto, podrán obtener la llamada indulgencia plenaria de la Porciúncula.

Para la solemne inauguración de este perdón en la Porciúncula, Francisco escogió Agosto 2, porque fue el primer aniversario de la consagración de esta santa capilla, y porque Agosto 1, era la fiesta de la liberación de San Pedro de las cadenas que tenía en la cárcel (Agosto 2, es el día de Nuestra Señora de los Ángeles).


Para obtener la indulgencia plenaria se requiere algunas condiciones habituales:


1. Visita una iglesia franciscana, rezar un Padrenuestro y Credo

2. Confesión sacramental y comunión eucarística

3. Rezar por las intenciones del Papa.


Antiguamente era muy difícil que la Iglesia conceda indulgencias" ya que solo se obtenían en peregrinación a algunos lugares como Tierra Santa, por tanto es un gran regalo que San Francisco obtuvo por su amor a las almas. Ahora el Perdón de Asís se puede obtener en todas las iglesias franciscanas del mundo.

martes, 4 de octubre de 2016

SAN FRANCISCO DE ASIS

Dicen que a San Francisco lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (aún entre los protestantes) todos están de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, aun los no católicos, lo quieren y lo estiman.

Hijo de Pica y Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, Cuando joven a Francisco lo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo. Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida. Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.
Francisco no llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: "¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?". Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro. La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: "Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe". Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús.

Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: "Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas". Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y pidió al Padre Capellán de San Damián, que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba. Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente. Al cabo de algunos días pasados en oración y ayuno, Francisco volvió a entrar en la población, pero estaba tan desfigurado y mal vestido, que las gentes se burlaban de él como si fuese un loco. Pedro Bernardone, muy desconcertado por la conducta de su hijo, le condujo a su casa, le golpeó furiosamente (Francisco tenía entonces veinticinco años), le puso grillos en los pies y le encerró en una habitación. La madre de Francisco se encargó de ponerle en libertad cuando su marido se hallaba ausente y el joven retornó a San Damián. Su padre fue de nuevo a buscarle ahí, le golpeó en la cabeza y le conminó a volver inmediatamente a su casa o a renunciar a su herencia y pagarle el precio de los vestidos que le había robado. Francisco no tuvo dificultad alguna en renunciar a la herencia, pero dijo a su padre que el dinero de los vestidos pertenecía a Dios y a los pobres. Su padre le obligó a comparecer ante el obispo Guido de Asís, quien exhortó al joven a devolver el dinero y a tener confianza en Dios: «Dios no desea que su Iglesia goce de bienes injustamente adquiridos». Francisco obedeció a la letra la orden del obispo y añadió: «Los vestidos que llevo puestos pertenecen también a mi padre, de suerte que tengo que devolvérselos». Acto seguido se desnudó y entregó sus vestidos a su padre, diciéndole alegremente: «Hasta ahora tú has sido mi padre en la tierra. Pero en adelante podré decir: 'Padre nuestro, que estás en los cielos'». Pedro Bernardone abandonó el palacio episcopal «temblando de indignación y profundamente lastimado». El obispo regaló a Francisco un viejo vestido de labrador, que pertenecía a uno de sus siervos. Francisco recibió la primera limosna de su vida con gran agradecimiento, trazó la señal de la cruz sobre el vestido con un trozo de tiza y se lo puso.
Francisco se dedicó a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo. La Porciúncula. Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Francisco empezó su comunidad.
Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño. Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.
Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado.
Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: "El Amor no es amado". Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión.
San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. "Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar", etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era "Paz y bien".

Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (Franciscanos, Capuchinos, Clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica. El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

ORACIÓN POR LA PAZ: San Francisco de Asis



¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! 
Que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.


jueves, 11 de agosto de 2016

SANTA CLARA DE ASIS


SANTA CLARA DE ASÍS
"... sierva de Cristo, pequeña planta de nuestro Padre Francisco"

Nació en Asís, Italia, en 1193. Su conversión hacia la vida de plena santidad se efectuó al oír un sermón de San Francisco de Asís en el cual predicó los sermones de cuaresma y allí insistió en que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales.

En secreto se fue a buscar al santo para pedirle que la instruyera en el modo de lograr conseguir la perfección cristiana. Él le dijo que había que desprenderse de todo, la animó a dejar la vida de riquezas y comodidades que llevaba y dedicarse a una vida pobre, de oración y penitencia. San Francisco hizo que Clara se fuera a vivir junto a la Iglesia de San Damián en Asís, en una pobre y humilde casita. Y he aquí que su hermana Inés y su propia madre decidieron irse también de monjas con ella. Y muchas muchachas más se dejaron atraer por esa vida de oración y recogimiento, y así pronto el convento estaba lleno de mujeres dedicadas a la santidad.

A los 18 años se consagró a Cristo e inició una vida de pobreza radical, renunciando a todo lo que tenía y prometiendo vivir sin poseer nada. Comenzaba así la Segunda Orden Franciscana: Las Damas Pobres o Clarisas. Esto sucedía en Santa María de los Ángeles (Porciúncula), la iglesia restaurada por San Francisco.

Francisco nombró a Clara como superiora de la comunidad, pero ella toda la vida trató de renunciar al puesto de superiora y dedicarse a ser una sencilla monjita de segundo orden. Cuarenta y tres años vivió Clara este ideal sin salir del convento. En vida pudo ver como su orden se extendía por España (43 conventos en el siglo XIII, Bohemia, Francia, Inglaterra). Dos veces logró hacer huir a los sarracenos, alistados en el ejército de Federico II, con solo mostrarles desde la ventana del dormitorio la custodia con el Santísimo Sacramento (1240), o exhortando a las hermanas a la oración, estando totalmente inmovilizada a causa de sus continuos dolores.

Siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro San Francisco, quiso Santa Clara que sus conventos no tuvieran riquezas de ninguna clase. Y aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento le escribió: "Santo Padre: le suplico que no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo". A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con aquellas palabras de Jesús: "Mi padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros".

Hoy las religiosas Clarisas son 18,000 en 1,248 conventos en el mundo. Nuestra Santa estuvo 27 años enferma, pero su enfermedad la soportaba con paciencia heroica. San Francisco ya había muerto y tres de los discípulos preferidos del santo, Fray Junípero, Fray Angel y Fray León, le leyeron a Clara la Pasión de Jesús mientras ella agonizaba. La santa repetía: "Desde que me dedique a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan".

Murió en San Damián, a las afueras de Asís, el 11 de Agosto de 1253. Fue canonizada solo dos años después por Alejandro IV. Dejó cuatro cartas, la Regla y el testamento. "Vete en paz ya que has seguido el buen camino; vete confiada, ya que tu creador te ha santificado, custodiado incesantemente y amado con la ternura de una madre con su hijo". "Oh Dios, bendito seas por haberme creado". Estas fueron las últimas palabras de una gran mística llena de alegría y de amor a Dios y a los hombres.